En los últimos meses volví a vivir una situación que seguramente muchos colegas conocen. Una pareja joven llegó a la inmobiliaria con la ilusión de comprar su primera vivienda. Ya habían hecho cuentas, conocían las cuotas de un crédito hipotecario y habían encontrado una propiedad que les encantaba. Sin embargo, mientras avanzábamos con la operación apareció la incertidumbre de siempre: ¿habrá suficientes créditos?, ¿seguirán disponibles?, ¿los bancos tendrán capacidad para seguir prestando?
Son preguntas que se repiten cada vez con más frecuencia. Y, aunque muchas veces hablamos del crédito hipotecario como si todo dependiera de la tasa o de la cuota, la realidad es que detrás existe un desafío mucho más grande.
En estos días comenzó a discutirse la posibilidad de utilizar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ANSES para fortalecer el financiamiento hipotecario. Más allá de las distintas opiniones que pueda generar la medida, creo que abre una conversación muy interesante sobre cómo hacer para que el crédito deje de ser una oportunidad ocasional y se convierta en una política sostenida en el tiempo.
Desde mi lugar, acompañando compradores y vendedores todos los días, veo que el interés por acceder a una vivienda volvió. Hay familias que se animan nuevamente a proyectar una compra, pero también bancos que deben administrar cuidadosamente cuánto pueden prestar.
Ahí aparece una idea que, aunque suene técnica, en realidad es bastante sencilla de entender.
Cuando un banco otorga un crédito hipotecario, ese dinero queda comprometido durante muchos años. Mientras el cliente va pagando las cuotas, el banco no puede utilizar ese mismo capital para financiar nuevas operaciones con la misma rapidez. Es como si una rueda girara mucho más lento de lo que la demanda necesita.
En muchos países ese problema se resolvió creando un mercado donde las hipotecas pueden transferirse a entidades especializadas. De esa manera, el banco recupera recursos para volver a prestar y otras instituciones financian esas carteras a largo plazo. El resultado es un sistema que genera un círculo virtuoso: más liquidez, más créditos y más familias con posibilidades de acceder a una vivienda.
Quizás esa sea una de las oportunidades que hoy tiene Argentina.
Si el proyecto que se está analizando logra construirse con reglas claras, transparencia y una mirada de largo plazo, podría convertirse en el primer paso para desarrollar un verdadero mercado hipotecario secundario, algo de lo que nuestro país habla desde hace muchos años pero que nunca terminó de consolidar.
No se trata de reemplazar a los bancos, sino de darles herramientas para que puedan seguir prestando sin que cada crédito otorgado limite los próximos.
Como profesional inmobiliaria, creo que cualquier iniciativa que contribuya a darle continuidad al crédito merece ser analizada seriamente. Porque detrás de cada préstamo no hay solamente números. Hay familias que buscan dejar de alquilar, padres que quieren acercarse a sus hijos, jóvenes que sueñan con su primera casa y personas mayores que desean cambiar de vivienda para vivir más cómodas.
Muchas veces hablamos del mercado inmobiliario desde indicadores o estadísticas, pero quienes estamos en contacto permanente con los clientes sabemos que cada operación representa un proyecto de vida.
Ojalá esta discusión no quede solamente en una propuesta. Si logramos construir un sistema que permita que el crédito hipotecario crezca de forma estable durante muchos años, estaremos dando un paso importante para que comprar una vivienda vuelva a ser un objetivo posible para miles de argentinos.
Carolina Bolajuzon
Servicios Inmobiliarios

